Otro sistema bancario es posible, y además ya existe

Llibre d'Icaria "¡Banca pública! Rescatemos nuestro futuro"Comentari al pròleg de Vicenç Navarro del llibre “¡Banca Pública! Rescatemos nuestro futuro” i resposta al seu post “Otro sistema bancario es posible

Querido Sr. Navarro,

ayer estuve en la presentación del libro en Barcelona, y quería comentarle que me alegra mucho que se hagan publicaciones de este tipo que propongan alternativas al sistema y a la crisis actual, alternativas tan necesarias en este momento.

La idea de la banca pública es muy interesante y de gran urgencia social y económica, a pesar que no va a ser un camino fácil el poder crear una banca pública eficiente, transparente, responsable, ética y realmente democrática. De hecho ya remarcaron ayer en la presentación que con el actual déficit democrático las cosas no pueden ir bien. Y es que me asusta pensar en una banca pública gestionada por el actual atajo de incompetentes y corruptos neoliberales que tenemos hoy en día por políticos en nuestro país. Quizás acabaríamos en otra Bankia o en otra gestión nefasta de las Cajas de Ahorros…? Quizás si habláramos de una banca pública “catalana” me sentiría algo más relajado, por eso del “taranná” catalán, aunque ni así estaría del todo tranquilo, y por lo menos hasta que Catalunya no tenga un estado propio, me asusta enormemente la idea de una banca pública española gestionada por nuestros actuales “gobernantes”! Y por ahora tampoco confío todavía plenamente en la capacidad de una ciudadanía demasiado acostumbrada a creer ciegamente lo que dicen los grandes medios de comunicación, y que solamente ejerce su “participación” democrática yendo a votar cada 4 años en un sistema electoral perverso y poco representativo de la realidad social.

A pesar de todo ello, creo que vale la pena empezar este camino, un camino que requerirá, lógicamente, un progresivo y necesario cambio social y una mayor concienciación democrática y participativa de la población. Así como también requerirá cambios y reformas radicales y fundamentales en el sistema electoral y de control ciudadano de nuestros representantes políticos.

Sin embargo, tengo que decirle que me decepcionaron un poco los comentarios que tanto usted como Juan Sotres hicieron ayer en la presentación del libro, a raíz de la pregunta sobre la banca ética que hizo una asistente a la presentación. Puedo entender que para ustedes la banca pública sea la alternativa ideal al actual sistema financiero corrupto, especulativo y antidemocrático. También puedo entender que -con los recursos limitados de tiempo y dedicación que todos y todas tenemos- dediquen todas sus fuerzas a abogar por la banca pública. Y puedo entender que aboguen por cambios de gran calado en el sistema financiero. Pero justamente ayer no me pareció adecuada la respuesta que dieron a las personas asistentes acerca de la pregunta sobre la banca ética. Creo que despistó más a la audiencia -quizás poco experta en el tema- que otra cosa, y que mezclar referencias a Banca Cívica (nada de ética, puesto que es uno de los bancos españoles que más invierten en armamento) con referencias a la banca ética de verdad, lo único que hizo fue marear a la gente y que se fueran sin una idea clara de lo que es y lo que representa actualmente la banca ética en nuestro país (y en el mundo).

Las entidades de finanzas éticas no son simplemente bancos que garantizan que no van a invertir nuestro dinero en empresas de armamento, ni son “productos solidarios” de bancos convencionales que dan un porcentaje de los intereses a ONG (sin saber cómo se han generado esos intereses). A grandes rasgos, las entidades de finanzas éticas se caracterizan por un modelo radicalmente distinto de funcionamiento. Se trata de entidades financieras (pueden ser bancos, cooperativas de crédito, cooperativas de servicios financieros, etc.) que ante todo trabajan con unos criterios éticos y sociales en toda su gestión, pero que además lo hacen de manera totalmente transparente. Las entidades de finanzas éticas rigen sus inversiones en base a unos criterios de inversión que podemos distinguir entre negativos (no invertirán en, por ejemplo, empresas de armamento o empresas que exploten a sus trabajadores o destruyan el medio ambiente) y positivos (invertirán especialmente en empresas de la llamada Economía Social y Solidaria, que tengan un especial compromiso para con la sociedad y que fomenten la creación de puestos de trabajo dignos). Por otro lado la banca ética invierte el dinero depositado por sus clientes o socios y socias en actividades de la economía real, nunca en especulación. Y publica información sobre todos los proyectos que financia y los criterios sociales y éticos que ha utilizado para seleccionarlos. Por último, una gran parte de las entidades financieras éticas son de propiedad compartida y con forma cooperativa, algo que fomenta mucho más la participación y la democratización que lo que podría imaginar que llegara a ser algún día la banca pública en un país como España. Y además, por si todavía tuviéramos dudas, la mayoría de estas entidades de finanzas éticas no tienen ánimo de lucro, simplemente buscan generar unos beneficios económicos suficientes como para ser sostenibles a lo largo del tiempo, pero su principal objetivo no es enriquecer a nadie sino contribuir a la mejora colectiva de la sociedad. De hecho ya hay iniciativas de finanzas éticas con una larga historia (a pesar que en nuestro país, como sucede a menudo, vayamos un poco retrasados en estos aspectos) y con una amplia trayectoria que ha demostrado que la generación de beneficios económicos y de beneficios sociales no es incompatible.

Y sí que tenía razón al afirmar ayer que nuestro problema actual es muy grande y que la banca ética todavía es pequeña en relación al conjunto del sistema financiero. Pero no por ello hay que obviarla o desmerecerla, puesto que hoy en día es ya una realidad que ha demostrado su viabilidad y su importante aportación al bienestar común, mientras que a la banca pública que proponen en el libro de Icaria todavía le queda mucho camino por recorrer antes de ser una realidad.

Así pues estoy de acuerdo en que es necesaria una banca pública democrática y transparente, que asegure el crédito -tan necesario en este momento- a las personas y empresas de nuestro país y que contribuya a la reactivación de la economía real. No obstante tampoco nos sirve una banca pública con unos criterios de inversión como los seguidos hasta ahora. En el actual momento de crisis energética y medioambiental (además de socioeconómica) nos hace falta una banca pública con criterios sociales y medioambientales muy estrictos, que contribuya a crear una economía responsable, sostenible, y al servicio de las personas, y que no caiga en los antiguos errores del capitalismo neoliberal exacerbado. Pero por ello quería remarcar la idea de que esta banca pública es necesaria y puede ser la “mejor aliada” de la banca ética, como comentó ayer el Sr. Sotres, pero precisamente para que así sea, y para crear sinergias entre estas diferentes alternativas al sistema actual, debemos ser muy cuidadosos y rigurosos con las informaciones que damos y nunca desmerecer las otras opciones que trabajan para un fin similar al nuestro. Unidos y unidas, nuestra capacidad de transformación social será mucho mayor!

 

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